El bar : pedir un café puede costarte la vida

El miedo demuestra realmente como somos

                                        Nacho

 

Imagina que un día cualquiera vas a tomarte un café a un lugar donde en ese justo momento puede que pierdas la vida.

Álex de la Iglesia regresa con su nueva película El bar, filme que lo consagra como uno de los realizadores españoles más solventes de los últimos años.

9:00 horas. Un grupo de personas absolutamente heterogéneo desayuna en un bar en el centro de Madrid. Uno de ellos tiene prisa; al salir por la puerta recibe un disparo en la cabeza. Nadie se atreve a socorrerle. Están atrapados.

El diseño de presentación es magnífico , ya avecina que estamos ante una gran película.

El bar es un trabajo del Alex de la Iglesia más serio, pero también más puro y en estado de gracia, su filme más redondo desde Balada Triste de Trompeta.

Presentado en los Festivales de Málaga  y Berlín , donde fue acogida con críticas positivas, figura como un metraje tenso y oscuro sobre la verdadera identidad humana..

El director como de costumbre encierra a los personajes , con el trascurrir de las horas, estos se irán transformado en quiénes realmente son dando lugar a las situaciones más violentas.

No es una película humorística aunque a ratos lo parezca, aunque algunos parlamentos sean graciosos.

Entre citas bíblicas, música intrigante y planos técnicamente perfectos, transcurre esta maravillosa locura que es El bar, narrada en 4 momentos en los que el ritmo mantendrá al espectador siempre atento.

Para el resultado final, se necesita de un elenco estelar como el que fue seleccionado en el casting.

Blanca Suárez, está como nunca, olvidamos la belleza de su rostro para darnos cuenta de que puede ser una gran actriz.

Algo similar ocurre con Mario Casas, quién por primera vez demuestra que estudió su libreto y lo entendió.

Secun de la Rosa, Carmen Machi, Jaime Ordóñez y Terele Pávez, fantásticos, porque saben el oficio o porque Alex de la Iglesia es un mago dirigiendo actores, lo cierto es que coralmente todos están en su lugar.

Seguiré venerando a este cineasta, que no me defrauda y que con El bar ha vuelto a sus raíces.

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